Corrían aires de los 80 . Mientras Reagan era elegido Presidente de USA , España entraba en la OTAN e IBM lanzaba al mundo su primera computadora, yo apuraba mis últimos años de formación médica en Valencia , Galo iniciaba su huida - nueva vida en las Ramblas y su madre lo añoraba allá en su pueblo.
La OMS daba por erradicada la viruela y con el desarrollo de los antibióticos la sensación de control sobre los procesos infecciosos se había instalado en la mayoría de una sociedad que de pronto fue golpeada con el anuncio de una enfermedad de causa desconocida, que en esos años solo insinuaba lo que en poco tiempo iba a llegar a ser .
En 1981 la comunidad científica publica el primer caso de una patología a la que llama Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) Fuera de la comunidad científica , esto no preocupó mucho , pues ya habían dejado claro los medios de comunicación que afectaba principalmente a los homosexuales.
Con esa sensación tan humana de “esto no va conmigo” la mayoría de la gente archivó esa información en la cabeza en el lugar que ocupan las cosas de “ a mi no me importa” y siguió con su vida.
En la Facultad de Medicina yo seguía mi programa académico, creo recordar una mención superficial al SIDA ,que no duró ni siquiera cinco minutos . Por su parte Galo llevaba ya un tiempo buscándose la vida en las Ramblas como buenamente puede quien había salido de su pueblo con poco más de 5000 mil pesetas y sabiendo que no quería volver. La madre de Galo apenas sabía donde estaban las Ramblas, mucho menos San Francisco donde a diario moría alguna persona de la enfermedad ahora llamada “rosa” en un alarde de ingenio sin precedentes por parte de la prensa internacional. Para ella se iniciaba una época de caminar por el pueblo más sola de lo habitual, el oído poco afinado para no escuchar los murmullos y comentarios de la gente y vivir el calvario personal de haber sido señalada en la comunidad como la madre de alguien distinto , de alguien que harto de ser el diferente había optado por declararse “ el maricón oficial “ de la localidad el mismo día que había decidido abandonarla.
En 1983 un actor guapo , galán por excelencia y símbolo de masculinidad declara públicamente que está enfermo de SIDA , y confiesa su homosexualidad haciendo girar la atención mundial curiosamente más hacia lo segundo que a lo primero pero consiguiendo que la comunidad internacional preste atención a esta enfermedad que ya mataba a diario a miles de personas , y contagiaba a millones .
Yo acababa mis estudios de licenciatura en Medicina sin saber más de la nueva enfermedad que lo que decían los medios de comunicación.
Galo tras unos años de penurias había conseguido una cierta estabilidad económica trabajando en un nigth-club , de “relaciones públicas”, como a él le gustaba aclarar , se había acostumbrado a pasar desapercibido ,a vivir como le gustaba, y por primera vez tenía pareja estable.. Su madre también se había acostumbrado a los comentarios que a lo largo de estos años habían ido cesando ,sustituidos por nuevos rumores .
Diez años más tarde de estos sucesos, Robert Gallo y Luc Montaigner,no sin polémica, ya habían puesto nombre a un retrovirus (VIH) como culpable de una enfermedad ya desvinculada del colectivo homosexual y asociada a ciertas prácticas de riesgo .El número de afectados y muertos crecía y mientras la comunidad científica investigaba soluciones que controlaran la nueva epidemia, la comunidad internacional intentaba luchar contra algo todavía mas difícil de lograr, acabar con el estigma de plaga que el SIDA tuvo durante muchos años y que provocaba la exclusión social.
Fue en este contexto cuando conocí a Galo . Acababa de volver a su casa, la que abandonó hacía 14 años , único lugar del mundo que le ofrecía refugio para apurar los pocos días de vida que le quedaban . Su madre, la que le añoró cada segundo había removido cielo y tierra para conseguir su traslado desde un hospital de Barcelona , tramitado ambulancias, adecuado su cuarto y gastado dinero en adaptar la cama, el lavabo ; en definitiva adecuar una estancia de enfermo terminal.
Cuando me llamó para hacerle una visita leí varias veces el informe para familiarizarme un poco con la enfermedad de aquel hombre joven para el que solicitaban mis servicios .El desconcierto que en esa época el SIDA provocaba incluso entre los profesionales no fue nada comparado a la cara que debí poner cuando vi a Galo en la cama que luego me dijo llamaba “ su agonía”.
-Madre, enséñale a la doctora una foto mía de antes, para que vea el “maricón tan guapo que yo era”
- “No le haga usted caso, decía la madre, desde que está así tiene un humor extraño y está siempre provocando.....No digas esas cosas “...
Me fijé en el aspecto de la habitación ,sobria, limpia ,casi de hospital ,me acerqué a su cama, hojee el informe, intenté comprender que puede pasar en un cuerpo humano para que un hombre de 36 años acabe convertido en la imagen que yacía en esa cama, un acumulo de huesos que no pesaría ni 40 kilos, envuelto en una piel amarillenta, limitado por unos pies de camposanto y una cabeza con más pinta de calavera que otra cosa en la que sobresalían los ojos,.esos enormes ojos negros que desafiaban al mundo como dos faros, con más furia y rabia que fuerza ...
Muchas veces volví a casa de Galo, visitas paliativas en una época en la que la única sensación que quedaba en los que veíamos a enfermos de SIDA era la de estar allí sin poder hacer casi nada y la de observar como se vivía entonces una enfermedad que no se parecía en nada a lo que conocíamos ni clínica ni socialmente.
Nunca vi en esa casa a nadie que no fuera Galo y su madre. Los días en los que el dolor, la fatiga o la fiebre se lo permitían Galo tenía una conversación divertida con anécdotas que arrancaban nuestra risa, casi todas relacionadas con su trabajo en aquel nigth-club en el que insistía una y otra vez “yo era relaciones públicas”, mientras relataba mil cotilleos de la burguesía y el famoseo de la Barcelona de la época .
“Si yo os contara , decía , la cantidad de locazas de tanga y tacón que venían al club y al día siguiente exhibían su doble moral en misa con golpes de pecho mientras despotricaban contra los pervertidos , como les gustaba llamarnos”.
Así día a día fui aprendiendo cosas de una enfermedad para la que ni los profesionales estábamos preparados, y conocí desde cerca el ostracismo y la marginación que significaba , supe como Galo había abandonado su pueblo harto de disimular entre sus paisanos y de aguantar las burlas de los que un día creyó sus amigos, intenté comprender el miedo y la inseguridad de dejar tu casa para vivir en una ciudad donde a nadie conoces sabiendo que has de buscarte la vida de cualquier manera porque bajo ningún concepto puedes permitirte volver atrás , la dificultad para encontrar un trabajo, lo que se podía .. ..“ya sabes no era fácil , sin formación no te admitían en muchos sitios”; la tranquilidad de tener por fin un hogar , un techo, una pareja ,”y cuando ya te has hecho a tu vida cuando crees que ya has pasado bastante cuando casi estás a punto de dejar el resentimiento atrás contra todos los que te han marginado recibir el mazazo de una enfermedad con estigma de bíblica, ¡lo que nos faltaba!, y ver morir a la persona de la que estás enamorado y unir al dolor profundo de la perdida la rabia de pensar que a lo mejor te ha contagiado y que enfermarás, y no poder llorarle a gusto porque de nuevo se incrusta en tu piel la culpa, esa que siempre había viajado contigo desde pequeño , la que creías que ya habías superado , pero ahí está otra vez para decir que te siguen viendo distinto, diferente, y ahora además peligroso.”
Estos raptos de furia a los que Galo se entregaba a veces servían para agotar las escasa fuerzas que le quedaban, y para que su madre que permanecía siempre cerca de la cama, al margen de nuestra conversación se acercara con una toalla mojada para refrescarle la frente, los brazos, el cuerpo, conformando una imagen que semejaba una Piedad.
Cuando se quedaba tranquilo, relajaba la respiración y cerraba los ojos , la madre me acompañaba hacia la salida , y en su parquedad de palabras me preguntaba: “¿Vendrá usted mañana?”
Muchas son las cosas que a veces recuerdo de mis conversaciones con Galo, muchas las situaciones que me impresionaron. Sus cambios de humor según le atenazaba más o menos la fiebre, la expresión de su dolor desesperanza, su ira y su miedo, la consunción extrema de su cuerpo. Me sorprendía ver a su madre como cada día entregada a su hijo adquiría más fuerza para resistir, como ya me recibía mirándome a los ojos sin la sensación de vergüenza que noté en ella las primeras veces, como incluso se reía con algunas anécdotas que Galo contaba .
Un día cuando me marchaba me sorprendió con una foto.” Mírelo! lleva razón cuando él lo dice, mire que hombre más guapo!”
“Lo peor de esta enfermedad es que no solo te mata, te destruye entero... a ti y a lo que te rodea, mírelo! ahí solo como un apestado , como si mereciera un castigo .Un concepto de moralidad miserable nos robó a mi hijo y a mí los pocos años de vida que pudimos estar juntos, nunca lo perdonaré...”
Algunas veces me detenía en la puerta cuando me marchaba , aferrándose un poco a la esperanza , “Se sabe algo de algún tratamiento nuevo? “..
Dos meses después moría Galo ....
“ Si alguna vez , se descubre alguna vacuna, algún tratamiento, acuérdese de mi diga que esto no solo afecta a famosos...”
En nuestra sociedad hoy el SIDA ya no es sinónimo de muerte. La terapia antiretroviral ha frenado la mortalidad y aumentado la supervivencia .
Comunidades científicas, gobiernos y asociaciones de afectados han conseguido sensibilizar a la población y quitar el estigma de castigo que imponía esta enfermedad sobre los afectados.
Suelo recordar a Galo cada vez que oigo alguna noticia sobre el SIDA, si doy alguna charla a jóvenes sobre enfermedades de transmisión sexual, o cuando veo algún paciente seropositivo que ha conseguido con el tratamiento llevar una vida casi normal .Hace pocos días lo recordé de un modo especial porque un compañero de su localidad me llamó para darme la noticia....
“¿Sabes? Ha muerto Luisa, la madre de Galo ...me pareció que querrías saberlo..
Pues sí, quería saberlo y quería contarlo porque en las grandes desgracias de la humanidad, y en los grandes logros siempre aparecen unos pocos nombres , muy importantes sin duda y quedan en el olvido otros que en su vida cotidiana y pequeña no lo parecen tanto, pero lo son, como Galo que no llegó a tiempo a un tratamiento que hubiera prolongado su joven vida, como Luisa , su madre, que le sobrevivió 17 años, y que tras la muerte de su hijo estuvo vinculada de una manera activa a Asociaciones de afectados por VIH, que pasó de ser una mujer tímida a colocar todos los años el día 1 de Diciembre en la ventana de la habitación de Galo una foto, con la bandera gay y el lazo rojo de la lucha anti SIDA, la madre callada que paso de caminar silenciosa a reivindicar con orgullo infinito cada uno de los momentos de la vida de su hijo..
Por eso lo cuento...Por Galo y su madre ...
Fabiola Rodriguez