Algunas personas son como
aguas mansas, otras son tsunamis destructores, pero hay otras, las menos, a las
que les gusta nadar en las corrientes, alzándose en ocasiones como olas
gigantes. Con toda la fuerza.
Pero esto no va de mar ni de mareas …
Llegar al grupo intentando acomodarse al agua mansa. Activa
y activista . Haber sufrido mareas y
marejadas.
Prometer una y mil
veces no dejarse arrastrar por la corriente ni acercarse demasiado al remolino ,
esta vez dejarse llevar por la placidez del agua quieta..Captar enseguida la
esencia del momento y pelear con ese
empuje con el que solo algunas personas afrontan la tarea..
Tener exceso de entusiasmo y altruismo .La energía no contenida se abre paso sin pararse a pensar
que hubo naufragios anteriores
Ejercer el liderazgo, incorporar fuerzas al equipo y alcanzar
de nuevo el nivel de corriente poderosa, sin parar de moverse de un lado a otro
mojándose constantemente.
Empezar a notar que lo que antes era válido ya no lo es
tanto, los halagos y alabanzas se trastocan en crítica velada, las aguas
comienzan a ponerse turbias,
fuerzas antes amigables empiezan
a arrastrarte al remolino.
Saber que ya has pasado la línea y aún puedes retroceder
si quieres, pero entender que si te agarras al flotador para salir del
desagüe nunca volverás a ser la misma; perderás la capacidad de ser corriente .
Hay quien no nace para ser agua estancada y prefiere
estrellarse contra la roca una y otra vez
con tal de cabalgar su propia
espuma.
Empezar otra vez de cero habiendo dejado atrás el cobijo de
un Océano muy poderoso…
Y comenzar a nadar en otras aguas , desconocidas y
difíciles, luchando contra viento y marea a brazo partido , esquivando escollos
y andanadas de fondo..
Y lograrlo .
Triunfar en un nuevo mar y volver a ser corriente y
arrastrar a un montón de personas en el intento consiguiendo algo grande e impensable, y saber que lo has conseguido
desde abajo, renunciando a venderte, sobreviviendo a quien intentó machacarte
como un tsunami y no pasó de ser una ola de pacotilla…
Y cuando estás en la cresta, disfrutando de la belleza de la
espuma, cabalgando con el viento y el futuro encarado, sufrir la mayor de las
debacles, caer en un abismo profundo en un pozo
sin aristas para agarrarse. Dolor
y desolación.
Pasar largos años en
la sima, oscuridad y miedo a partes iguales, incapacidad para luchar contra un enemigo muy poderoso, un enemigo invisible, la
enfermedad, la desesperanza.
Y notar que a lo mejor algunas de las aguas en las que
nadaste no valían tanto la pena , que siempre no hay que bracear y que algunas veces conviene dejarse llevar
por la marea. .Empezar a recomponer pedazos
emocionales y físicos para volver a sacar la cabeza del agua y tomar
perspectiva
Y poco a poco nadar hacia arriba con la seguridad que da saber
a donde no quieres volver , notar el viento en la cara de nuevo y abrazar otra corriente que puede volver a convertirte
en ola.
Y de repente, reaparecer en la superficie , dejarse mecer
por el agua mansa, demostrar que se puede emerger de la sima más
profunda . Y con la intensidad de los
primeros tiempos, con la fe de los supervivientes volver a organizar, dirigir,
liderar, conseguir aglutinar en torno
tuyo a toda clase de gentes . Y volver
a convertirte en esa ola gigante, la que sueñan los surfistas, la que aparece
en las fotos, la que nunca deja indiferente , esa ola especial …
Y volver a salpicar
de espuma a la gente que te rodea…..
Fabiola Rodriguez
Agosto 2015