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miércoles, 16 de mayo de 2012

AY DOLOR !!

El dolor es inabarcable. No tiene  forma, ni tamaño, ni color, no tiene medida. No es fácil de explicar.
No hablo del dolor físico, sino de un  tipo de dolor que no se mide por parámetros conocidos, ni en términos de neurotransmisores, ni en territorios anatómicos.  Es el sufrimiento, es el dolor  del corazón o de la mente o del alma, según quieran explicarlo, según lo definan los que lo padezcan, según se acomode al fenómeno al que acompaña; un desamor, una pérdida ,un fracaso.
El dolor nos empequeñece y  nos acobarda porque nos recuerda que todo no lo podemos controlar , porque nos obliga a depender  de quien creemos sabe o puede aliviarlo.
El dolor nos aísla de los demás  porque se asoma a nuestra cara , la transforma ,la afea y la entristece , enseña nuestras miserias  así que la mayoría de los que lo ven reflejado tratan de evitarlo, le dedican poco tiempo , unos minutos, no demasiados para que no les roce ni se fije en ellos.
El dolor  es desagradable en si mismo y por sus acompañantes que no suelen ocupar el top ten de lo más valorado ni pasear alfombras rojas ni adornarse de glamoures, más bien al contrario, suele viajar con la enfermedad, la soledad, el abandono, la ruina y la desesperanza.
El dolor  somete a los que lo padecen  y empapa  como una lluvia  fina a los que lo frecuentan de un modo lento e inexorable, éstos últimos no son conscientes de que esto pasa, pero así es , a  base de lidiar día a día con el sufrimiento, a base de querer transmitir  bálsamo a los que lo viven a  fuerza de mantener la compostura  y hacer esfuerzos para aliviar, terminan desarrollando una capa de aparente impermeabilidad, una actitud  de falsa tolerancia , una imagen de  casi normalidad, que viene a hacerles creer que lo tienen superado , que pueden rozarse con él  y salir indemnes.
Pero no es cierto, porque la avidez  devoradora del dolor no tiene límite y  en la solicitud de consuelo nunca se ve satisfecho, con lo cual reclama más y más  a quien trata de aliviarlo de modo que ambos se retroalimentan sin que el primero nunca se calme del todo ni  el segundo sea consciente de su desgaste emocional en el envite.
El dolor es callado, sigiloso , pertinaz  y termina contagiando a su cuidador, a su consuelo ,de  un modo que este no llega a ser consciente de como este sufrimiento crónico lo ha contaminado, como forma ya parte de él  demostrando día a día que no se sale indemne de esta batalla ,que en el  alivio del otro ha ido dejando trocitos suyos, jirones de si mismo que iniciarán su propio dolor ,un dolor que nadie va a tratar de aliviar porque ha aprendido tan bien a preocuparse del de los otros que  casi no sabe ya mostrar el suyo propio.

Fabiola Rodríguez

Dedicado a tod@s aquell@s que  trabajan aliviando el dolor de los demás..

sábado, 5 de mayo de 2012

A MI MADRE

Porque  perteneces a esa generación  que nunca tuvo las cosas fáciles pero supiste sobreponerte y tirar para adelante.
Porque formas parte de aquel grupo de mujeres a las que la moral de la época no dejó manifestarse en sus gustos y aspiraciones, teniendo que sacrificar muchas veces sus ilusiones y ocultar su mucha inteligencia detrás de hombres no siempre más capaces.
Porque te recuerdo siempre trabajando dentro y fuera de la casa  en una época en la que nadie hablaba de la Mujer trabajadora.
Porque aunque me imagino estarías cansada siempre sacabas tiempo para  cambiar cortinas, decorar faldas de mesa, arreglar colchas y poner la casa tan bonita que hubiera podido ser portada de una revista de  decoración.
Porque con una aguja y tijeras en la mano no tenías rival y conseguiste que no hubiera crios mejor vestidos que nosotros.
Porque hiciste de nuestra casa un lugar donde vecinas, familiares, amigos siempre  fueron bien recibidos y  eran habituales tardes enteras de costura y corrillos.
Porque siempre  fuiste generosa y  no te importó disfrutar lo que tenías con  la gente que te rodeaba.
Porque nunca nos faltó de nada cuando había  poco y cuando vinieron tiempos buenos no dejaste que se nos fuera la pinza.
Porque siempre nos supiste transmitir  el valor de la familia.
Porque  has  sabido adaptarte a los tiempos que te han tocado vivir y  lidiar con cosas que no te han sido  fáciles sin perder nunca la compostura.
Porque siempre me decía todo el mundo que  de joven eras muy guapa,  y ahora  de mayor eres una belleza.
Porque solo se puede ser bella por fuera cuando se es buena por dentro.
Porque  hoy es el día de la Madre y es un buen momento para decírtelo...
Y porque te quiero.


Fabiola  Rodriguez


martes, 1 de mayo de 2012

LLUEVE EN LA HABANA

Llueve en  La Habana  cuando  me he alejado lo suficiente del hotel como para  dudar si me compensa volver o no hacia atrás.
Llueve  mientras camino embelesada observando la silueta que se recorta a lo lejos del Hotel Nacional, no por  tantas veces vista menos majestuosa .
Llueve un agua fina como una  ducha que intenta  más que consigue limpiar el aire del humo de  unos coches que ya circulaban estas calles allá  por los 50.
Llueve un agua cálida que  moja a la vez que alivia el bochorno que se ha instalado en la ciudad tras  una mañana de sol abrasador.
Llueve  sin pausa, una cascada que se desploma de un cielo gris que ha oscurecido la ciudad de pronto.
Llueve  cuando observo  metros de cables pelados, colgando de las paredes, cajetines de fusibles abiertos  que han  aprendido a esquivar las gotas  y  desafían al azar del cortocircuito..
Llueve  un agua mansa que acompasa el devenir de una ciudad donde ni abriéndose en dos el cielo la gente apresura el paso.
Llueve un agua densa donde las gotas te envuelven por completo antes de estrellarse contra  el suelo  formando burbujas que se elevan por encima de los charcos.
Llueve mientras los socavones de aceras y calzada se convierten en  charcas  irregulares  que esquivan con destreza ciclistas y  cocotaxis.
Llueve  sobre un mar que se manifiesta en múltiples  colores, ensayando tonos desde verdes a violetas ,encrespándose en la espuma de las olas  que rompen a lo largo del Malecón.
Llueve sin descanso sobre los maltrechos tejados de una ciudad  que se aguanta apuntalada  entre pocos andamios y mucha buena voluntad.
Llueve  cuando  veo como se refugian bajo soportales con más goteras que la calle  los amigos que han empezado su enésima partida de dominó o de ajedrez
Llueve y  me sorprendo  contemplando más tiempo de lo razonable a ese negro descamisado en el que resbalan las gotas  de  agua  dibujando  a través de una piel de satén una anatomía perfecta.
Llueve mientras  miro el juego de los  chiquillos en los charcos, retozando en ellos a modo de improvisadas piscinas.
Llueve  y me descubro empapada desde  el sombrero a las sandalias , dudando si uno y otras volverán a ser  utilizables.
Llueve y me decido a permanecer allí mirando ese  trozo de mar , por  el que casi nunca  navegan barcos actuales porque parece  aún estar guardando el espacio de carabelas , veleros y bergantines...
Llueve y  me doy cuenta que ha desaparecido el bochorno ,el aire huele a limpio y  los flamboyanes parecen arder
Llueve cuando pido un ron en el  Café  de  Prado y contemplo el Morro  poderoso y descarado entre las nubes y las olas .
Llueve cuando suena  en la radio del local la voz de Benny Moré con  acordes de bolero.
Llueve cuando pienso que la felicidad es un estado que se consigue a base de  momentos como este.
Aún no ha dejado de llover cuando me confieso que podía quedarme en esta ciudad mucho, mucho, mucho tiempo....

Fabiola Rodríguez Tébar