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jueves, 18 de abril de 2013

INMIGRACION DE QUITA Y PON

Cada día es un afán, una mala noticia, un sin vivir, un despropósito. Si sigues cualquier medio de comunicación  durante mucho rato corres el riesgo de  sufrir una crisis de pánico. La palabra indignación se queda corta para reflejar lo que sentimos ante las barbaridades que se suceden. El enojo y el desprecio ante determinadas medidas  va por barrios y los ciudadanos se mueven  según la medida del día afecte o no a su interés.
Si algo ha conseguido este Gobierno sometido al dictado de la  otrora avanzada y culta Europa, reconvertida en la bruja del cuento, es poner a casi todo el mundo de acuerdo en el descontento y la indignación.
Protestar es una manera de descargar la tensión y la rabia  que acumulamos a diario, las protestas crecen en intensidad y son acogidas por los medios  de comunicación en relación  a la cantidad de ciudadanos a los que atañen. 
Las que afectan a una mayoría importante alcanzan mucho calado  mediático, es el caso de  las relacionadas con  Sanidad, Educación, hipotecas,  preferentes… Otras  llegan a interesar en la medida que consiguen  herir la sensibilidad de los afectados, que suelen ser menos numerosos que los anteriores, pero por el asunto al que conciernen  apetitosas para abrir portadas de informativos , sería el caso de los recortes  en la dependencia,  en el dinero que se dedica a la investigación o el tratamiento de las  enfermedades raras , abandono de las políticas  sociales en relación a mayores o colectivos en riesgo de exclusión.. ..
Y luego hay otras  que duran cinco minutos en el telediario, se vociferan un ratito  en varias mesas de tertulianos  durante un día, pero después casi  nadie las recoge porque como afectan a una ínfima parte de la población,  parece que no tienen importancia; pero la tienen y mucho, porque dibujan con lápiz grueso la sociedad hacia la que nos encaminamos.
A una de estas noticias, una de las pequeñas, que pasa un poco desapercibida es a la que quiero referirme,  antes de que me olvide entre el marasmo de malas noticias, antes de que el centro de la indignación personal vuelva a verse estimulado por otra de las múltiples inmundicias con las que nos deleitan a diario .  Hablo de la posibilidad de retirar la nacionalidad española  a los inmigrantes que ya la consiguieron y  del examen que preparan para  otorgarla a los nuevos peticionarios.
Me gustaría  que alguien con autoridad legal y moral explicara con que derecho se han arrogado el poder de decidir sobre la idoneidad o no de las personas para ser ciudadanos españoles y para cuestionar cuando deben dejar de serlo amparándose en no se sabe bien que criterios sobrevenidos. ¿Que  catadura moral  hay que tener para manejar la ley según la conveniencia  del momento, poder subir o bajar el censo de españoles  en base no se sabe muy bien a que normas, manejar a los inmigrantes a la carta?
La “demonización” de la inmigración es una constante en los últimos años, me refiero claro está a la inmigración pobre, a la que viene a trabajar , a buscarse la vida por motivos económicos , o huyendo de la inseguridad política de sus países , a la que ha estado realizando trabajos que nadie en este país ni aún estando en el paro quería realizar , a la  que se ha culpabilizado del deterioro de la Sanidad y de los servicios públicos presentándola de un modo  torticero como “ chupadores de recursos sociales” a la que se ha utilizado políticamente cuando ha interesado y a la que ahora en tiempos de crisis se la culpa y se la excluye. La inmigración rica no tiene porque preocuparse , unos  podrán comprar apartamentos  baratos en el levante español lo cual bajara el stock  inmobiliario a la vez que les facilitará la residencia o nacionalidad o lo que haga falta,  otros pueden venir en calidad de deportistas de élite y nada más pisar una pista de atletismo se les conseguirá el pasaporte para que en  los próximos  campeonatos  den la vuelta al estadio paseando la bandera española , o se les hará una ficha de futbol en la que aparecerá un abuelo que emigró a Bogotá en tiempos de  Doña Concha Piquer por lo cual serán  nacionalizados de inmediato.
A estos no les examinaran de español ni  les preguntarán como se llama la prima de Rajoy ni el suegro del conde –duque , tampoco creo que les quiten la nacionalidad  porque fallen penaltis o porque sus tiempos atléticos no den para medalla olímpica; pero miedo me da pensar que cosas se les pueden ocurrir para  alegando “necesidad  de orden publico o seguridad nacional “ decir que le retiran  la nacionalidad a tantas y tantas personas que desde que están en España  no han hecho otra cosa que trabajar para  mejorar sus vidas y las de sus familias.
Las redes sociales tienen la ventaja de facilitarte  “escupir” la indignación y lanzar al mundo tus quejas. Probablemente sirva para poco pero al menos a los que lo hacemos nos vale como terapia para no irnos envenenando con nuestra propia bilis. También permiten hacer unas sugerencias para ayudar a la gobernabilidad  en estos tiempos de crisis y no estar instalados únicamente en la queja permanente. Yo tengo algunas basándome en algunos comportamientos que no te retratan precisamente como ciudadano  ejemplar y  que deberían ser  criterios  de exclusión de ciudadanía por motivos de seguridad nacional,  uno podría ser tener una cuenta en Suiza con 32 millones de euros que nadie sabe de donde han salido, o estar inmerso en procesos de corrupción urbanística, o de cohecho o de tráfico de influencias  o haber  estado en consejos de administración de Cajas que han consentido  vender  preferentes  estafando a pequeños ahorradores,  o haber mirado para otro lado  mientras el dinero público  del paro se utilizaba para financiar partidos o  haber tejido toda una trama de enriquecimiento personal y de amiguetes  bajo el nombre de Eres, o mentir como bellacos en los programas electorales , volver a mentir al decir que no es lo que prometí hacer  pero cumplo con mi  deber, o insultar  constantemente a los ciudadanos culpabilizándolos  de una crisis que desde luego no generaron .
Claro que es muy probable que aplicando estos criterios no fueran precisamente los inmigrantes los que perdieran la ciudadanía.
Y también valen para tomar distancia y no ser cómplices con el silencio, no mirar para otro lado, para  expresar el asco y la preocupación  ante una de las últimas tropelías de este Gobierno que amparado en la crisis económica ha decidido destrozar  todo lo que un día nos hizo sentir orgullosos de pertenecer a la sociedad que vivimos y  para  gritar alto y claro que no se yo a que inmigrantes se referirán estos cantamañanas porque los que yo conozco  tienen más motivos para ser considerados ciudadanos de cualquier país que ninguno de ellos.

Fabiola Rodriguez

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