Cada día es un afán, una mala noticia, un sin vivir, un despropósito. Si sigues cualquier medio de comunicación durante mucho rato corres el riesgo de sufrir una crisis de pánico. La palabra indignación se queda corta para reflejar lo que sentimos ante las barbaridades que se suceden. El enojo y el desprecio ante determinadas medidas va por barrios y los ciudadanos se mueven según la medida del día afecte o no a su interés.
Si algo ha conseguido este Gobierno sometido al dictado de la otrora avanzada y culta Europa, reconvertida en la bruja del cuento, es poner a casi todo el mundo de acuerdo en el descontento y la indignación.
Protestar es una manera de descargar la tensión y la rabia que acumulamos a diario, las protestas crecen en intensidad y son acogidas por los medios de comunicación en relación a la cantidad de ciudadanos a los que atañen.
Las que afectan a una mayoría importante alcanzan mucho calado mediático, es el caso de las relacionadas con Sanidad, Educación, hipotecas, preferentes… Otras llegan a interesar en la medida que consiguen herir la sensibilidad de los afectados, que suelen ser menos numerosos que los anteriores, pero por el asunto al que conciernen apetitosas para abrir portadas de informativos , sería el caso de los recortes en la dependencia, en el dinero que se dedica a la investigación o el tratamiento de las enfermedades raras , abandono de las políticas sociales en relación a mayores o colectivos en riesgo de exclusión.. ..
Y luego hay otras que duran cinco minutos en el telediario, se vociferan un ratito en varias mesas de tertulianos durante un día, pero después casi nadie las recoge porque como afectan a una ínfima parte de la población, parece que no tienen importancia; pero la tienen y mucho, porque dibujan con lápiz grueso la sociedad hacia la que nos encaminamos.
A una de estas noticias, una de las pequeñas, que pasa un poco desapercibida es a la que quiero referirme, antes de que me olvide entre el marasmo de malas noticias, antes de que el centro de la indignación personal vuelva a verse estimulado por otra de las múltiples inmundicias con las que nos deleitan a diario . Hablo de la posibilidad de retirar la nacionalidad española a los inmigrantes que ya la consiguieron y del examen que preparan para otorgarla a los nuevos peticionarios.
Me gustaría que alguien con autoridad legal y moral explicara con que derecho se han arrogado el poder de decidir sobre la idoneidad o no de las personas para ser ciudadanos españoles y para cuestionar cuando deben dejar de serlo amparándose en no se sabe bien que criterios sobrevenidos. ¿Que catadura moral hay que tener para manejar la ley según la conveniencia del momento, poder subir o bajar el censo de españoles en base no se sabe muy bien a que normas, manejar a los inmigrantes a la carta?
La “demonización” de la inmigración es una constante en los últimos años, me refiero claro está a la inmigración pobre, a la que viene a trabajar , a buscarse la vida por motivos económicos , o huyendo de la inseguridad política de sus países , a la que ha estado realizando trabajos que nadie en este país ni aún estando en el paro quería realizar , a la que se ha culpabilizado del deterioro de la Sanidad y de los servicios públicos presentándola de un modo torticero como “ chupadores de recursos sociales” a la que se ha utilizado políticamente cuando ha interesado y a la que ahora en tiempos de crisis se la culpa y se la excluye. La inmigración rica no tiene porque preocuparse , unos podrán comprar apartamentos baratos en el levante español lo cual bajara el stock inmobiliario a la vez que les facilitará la residencia o nacionalidad o lo que haga falta, otros pueden venir en calidad de deportistas de élite y nada más pisar una pista de atletismo se les conseguirá el pasaporte para que en los próximos campeonatos den la vuelta al estadio paseando la bandera española , o se les hará una ficha de futbol en la que aparecerá un abuelo que emigró a Bogotá en tiempos de Doña Concha Piquer por lo cual serán nacionalizados de inmediato.
A estos no les examinaran de español ni les preguntarán como se llama la prima de Rajoy ni el suegro del conde –duque , tampoco creo que les quiten la nacionalidad porque fallen penaltis o porque sus tiempos atléticos no den para medalla olímpica; pero miedo me da pensar que cosas se les pueden ocurrir para alegando “necesidad de orden publico o seguridad nacional “ decir que le retiran la nacionalidad a tantas y tantas personas que desde que están en España no han hecho otra cosa que trabajar para mejorar sus vidas y las de sus familias.
Las redes sociales tienen la ventaja de facilitarte “escupir” la indignación y lanzar al mundo tus quejas. Probablemente sirva para poco pero al menos a los que lo hacemos nos vale como terapia para no irnos envenenando con nuestra propia bilis. También permiten hacer unas sugerencias para ayudar a la gobernabilidad en estos tiempos de crisis y no estar instalados únicamente en la queja permanente. Yo tengo algunas basándome en algunos comportamientos que no te retratan precisamente como ciudadano ejemplar y que deberían ser criterios de exclusión de ciudadanía por motivos de seguridad nacional, uno podría ser tener una cuenta en Suiza con 32 millones de euros que nadie sabe de donde han salido, o estar inmerso en procesos de corrupción urbanística, o de cohecho o de tráfico de influencias o haber estado en consejos de administración de Cajas que han consentido vender preferentes estafando a pequeños ahorradores, o haber mirado para otro lado mientras el dinero público del paro se utilizaba para financiar partidos o haber tejido toda una trama de enriquecimiento personal y de amiguetes bajo el nombre de Eres, o mentir como bellacos en los programas electorales , volver a mentir al decir que no es lo que prometí hacer pero cumplo con mi deber, o insultar constantemente a los ciudadanos culpabilizándolos de una crisis que desde luego no generaron .
Claro que es muy probable que aplicando estos criterios no fueran precisamente los inmigrantes los que perdieran la ciudadanía.
Y también valen para tomar distancia y no ser cómplices con el silencio, no mirar para otro lado, para expresar el asco y la preocupación ante una de las últimas tropelías de este Gobierno que amparado en la crisis económica ha decidido destrozar todo lo que un día nos hizo sentir orgullosos de pertenecer a la sociedad que vivimos y para gritar alto y claro que no se yo a que inmigrantes se referirán estos cantamañanas porque los que yo conozco tienen más motivos para ser considerados ciudadanos de cualquier país que ninguno de ellos.
Fabiola Rodriguez
No hay comentarios:
Publicar un comentario